Me he acostumbrado al, para mí, sorprendente hecho de que hay muchas personas que dicen no ceer que existe Dios, llamándose a sí mismo ateos, esto es, sin Dios.
Estas personas algunas dicen tener sus razones por las cuales concluyen que no hay Dios. Supongo que puede haber algunas que son ateas sin razón alguna, si bien no recuerdo ninguna. Normalmente el que dice sera teo presenta las razones por las que es ateo.
Hay varias cosas, en relación a Dios, en las que tanto creyentes como ateos pueden estar de acuerdo, y una de ellas es que si Dios existe, existe aunque hayan ateos, y si no existe, no existen aunque hayan creyentes. Es decir, tanto el ateo como el creyente, de alguna forma apelan a la existencia (o no existencia) objetiva de Dios. En pocas palabras, Dios existe o no, independientemente de lo que piensen los ateos, o los creyentes.
De otra manera, sin este refrente absoluto, hablar de Dios carece de sentido afirmar que se es ateo o se es creyente.
Con todo, ateos y creyentes no agotan las posibles posturas en cuanto a este asunto, pues hay a quienes no les importa en nada este tema, los hay que se encuentran indecisos, los hay que dicen que no podemos saber ni una cosa ni la otra, y puede que aparezcan otras posturas no reducibles a ninguna de las mencionadas.
El título de esta entrada asume, obviamente, que Dios existe objetivamente, realmente, a pesar de los ateos, y pone el énfasis no en el hombre (ateo o creyente) sino en Dios, en una hipotética creencia de El en los hombres que dicen no creer que El exista.