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En Dominicana estamos inmersos en un proceso eleccionario. Nuestras próximas elecciones presidenciales son el 16 de mayo de este 2008. Y para muchos resultan ser unas elecciones más, sin que se vea luz al final del túnel. Algunos hablan de una verdadera crisis del sistema de partidos.
Casi toda la propaganda de los partidos ha consistido en señalar las fallas, actuales o pasadas, de los otros. Claro, no han faltado las promesas, ni la llamada demagogia. Y a muchos nos queda el amargo sabor de la desilusión en el paladar político.
No creo que estemos en crisis. Si así fuera, al menos habría una esperanza, pues, como decía J.F. Kennedy, escrita en chino la palabra crisis tiene dos caracteres: Uno significa peligro, y el otro oportunidad. Creo que en nuestro caso no hay oportunidad alguna.
Y no es que sea pesimista. Al contrario. Me considero un optimista a ultranza. Pero creo que es inútil cerrar los ojos a la realidad, intentar tapar el sol con un dedo. Entiendo que nuestro país está cayendo en un foso cada vez más profundo, y si no ha tocado fondo, es precisamente porque no hay fondo.
No sólo el sistema de partidos está en franca decadencia. También lo están los “sistemas” educativo, energético, transporte, salud, y pare usted de contar. Gobiernos van y gobiernos vienen, prometiendo solucionar estos problemas, y lo que se aprecia es un deterioro cada vez mayor. Creo que esto no es exageración.
Pero tampoco es un lamento. Quisiera estar equivocado. Ojalá alguien me probara que estoy fundamentalmente equivocado en esto. Ciertamente es un cuadro preocupante. No estamos ante una encrucijada en el camino del progreso, sino cayendo por un muy empinado precipicio.
Y ahora se me puede preguntar: Y tú, ¿qué propones? ¿Tienes algo positivo qué aportar? Y yo diría que quizá no. No me considero tan inteligente como para señalar una salida, o, al menos, proponer una manera de frenar tan acelerada caída. Por ello entiendo a tantos dominicanos que se han marchado al extranjero.
Una vez alguien propuso las que llamó tres preguntas racionales, a saber: ¿Dónde estoy? ¿Dónde quiero estar? ¿Cómo sé que estoy llegando allí? Si les hacemos estas tres preguntas a nuestro país, particularmente a los que parecen dirigirlo, ¿qué responderían?
Y este bien pudiera ser inicio, optimista, para empezar a mitigar, al menos, la caída en que creo estamos como nación. Hacernos estas tres preguntas racionales. Hacerlas a los políticos, en especial a los candidatos, que nos digan dónde cree que está el país, hacia dónde quieren que vaya, y lo más importante, cómo llevarlo allí.
Percibo a nuestro país como un barco sin rumbo. Sin metas claras, sin un proyecto de nación que nos sirva de carta de navegación, que nos permita establecer prioridades, que nos sirva como base de una estrategia global para la geopolítica, y de las tácticas de los retos inmediatos y locales.
Pero pareciera que prefiramos, al decir de un profesor que conozco, practicar asiduamente la improvisación estratégica, el ir friendo y comiendo, aparejando la carga en el camino. Así puede que tengamos un golpe de suerte, pero lo más probable es que sigamos en picada, como hasta ahora.
Iremos a votar. Votaremos. Y luego veremos como todo se sigue deteriorando. Seguiremos viendo crecimiento sin desarrollo, reducción de las exportaciones y aumento de las importaciones, incremento de las debilidades a las catástrofes naturales, disminución de nuestra capacidad de sobre vivencia.
Mas puede que esté equivocado. Que en algunos, mucho más inteligentes y valientes que yo, empiecen, o ya hayan empezado, a concebir, presentar y exigir respuestas a las tres preguntas racionales, de las que emerge un proyecto de nación acorde con lo que sonaron los padres de nuestra patria.
ecabrera.blog.apuntes.política.inicio.abril.2008