Me he acostumbrado al, para mí, sorprendente hecho de que hay muchas personas que dicen no ceer que existe Dios, llamándose a sí mismo ateos, esto es, sin Dios.
Estas personas algunas dicen tener sus razones por las cuales concluyen que no hay Dios. Supongo que puede haber algunas que son ateas sin razón alguna, si bien no recuerdo ninguna. Normalmente el que dice sera teo presenta las razones por las que es ateo.
Hay varias cosas, en relación a Dios, en las que tanto creyentes como ateos pueden estar de acuerdo, y una de ellas es que si Dios existe, existe aunque hayan ateos, y si no existe, no existen aunque hayan creyentes. Es decir, tanto el ateo como el creyente, de alguna forma apelan a la existencia (o no existencia) objetiva de Dios. En pocas palabras, Dios existe o no, independientemente de lo que piensen los ateos, o los creyentes.
De otra manera, sin este refrente absoluto, hablar de Dios carece de sentido afirmar que se es ateo o se es creyente.
Con todo, ateos y creyentes no agotan las posibles posturas en cuanto a este asunto, pues hay a quienes no les importa en nada este tema, los hay que se encuentran indecisos, los hay que dicen que no podemos saber ni una cosa ni la otra, y puede que aparezcan otras posturas no reducibles a ninguna de las mencionadas.
El título de esta entrada asume, obviamente, que Dios existe objetivamente, realmente, a pesar de los ateos, y pone el énfasis no en el hombre (ateo o creyente) sino en Dios, en una hipotética creencia de El en los hombres que dicen no creer que El exista.
La respuesta obvia a si Dios cree en los ateos es afirmativa, claro bajo la premisa de que alguien que crea que Dios NO existe pueda existir si Dios existe…
Pero nuestro interés va un poco más allá de la postura puramente gnoseológica acerca de Dios, esto es, a la mera afirmación o negación intelectual acerca de la existencia de Dios. Y esto es así porque la misma Biblia no pretende probar que Dios existe, sino que desde el primer versículo de su primer libro, a saber, el Génesis, la Biblia da por sentado que Dios existe, pues dice “En el principio Dios creó los cielos y la tierra.”
Es decir, la Biblia va dirigida a un lector que cree que Dios existe. Si alguien no cree que Dios existe, uno supone que debe sentirse no muy cómodo con esta premisa del autor.
Sin embargo, la Biblia, aunque va dirigida a creyentes, trata el tema de los ateos en diversos lugares, uno de ellos en el libro de los Salmos, concretamente el capítulo 2, donde afirma “Rompamos sus cuerdas y hechemos de nosotros su ligaduras.”, poniendo el énfasis en el aspecto emocional del ateismo: No es que no hay Dios, es que no quiero que lo haya.
No es lo mismo afirmar que no hay Dios que querer que no le haya, si bien muchos que se llaman ateos más bien no son tan honestos para aceptar que más bien caen en esta categoría de ateos, los que considero verdaderos ateos.
Porque el meollo del asunto no es si hay o no Dios, sino cuál es mi actitud frente a El. Pues El, por ser mi Creador, exige de mí sumisión a SU voluntad, a SUS leyes, Su caracter, y eso es precisamente lo que no quiero, si soy ateo.
Han habido ateos hoestos, incluso de gran renombre, como Aldous Huxley, que admitió que el sin sentido convenía a su estilo de vida, pues así no tenía freno moral.
Entonces, ¿cree Dios en los ateos?
En el mismo libro de Salmos, en el preciso Capítulo 2, afirma el autor: El que se sienta como Rey en los cielos se ríe, el Señor se burla de ellos. Luego les hablará en su ira, y en su furor los aterrará.
Dios no es indiferente con los ateos, es decir, con los rebeldes, sino que actúa en consecuencia. Y es notable que El se rie de ellos y les habla en su ira y en su furor. La risa en medio de la ira tiene una particularidad muy esopecial…
ecabrera, julio 2009.